
Uno de los temas típicos en la narrativa de Ribeyro es la soledad. La mayoría de sus personajes se encuentran en situaciones o modos de vida que hace que se pregunten –o, sin preguntárselo, lo sientan así— por qué han terminado solos, qué se puede hacer o no hacer ante la soledad y, finalmente, qué tipo de relación tienen con los otros. Extraigo esta frase del cuento Una aventura nocturna, en la que se describe a Arístides, el personaje que deambula por las calles de Miraflores por la noche: “En los parques podía entablar conversación con los ancianos, con los tullidos o con los pordioseros y sentirse así partícipe de esa inmensa familia de gentes que, como él, llevaban en la solapa la insignia invisible de la soledad”. Los personajes de Ribeyro son un reto a los límites a los que puede llegar el hombre en relación a la comunicación: ¿pertenecen a la sociedad? ¿Serán expulsados por ella? ¿El hombre debe, finalmente, asumir la soledad como experiencia netamente humana? Son algunas de las preguntas que nos hacemos al leer su obra. Pensemos en el personaje de “Silvio en el Rosedal”, “La insignia”, “Las botellas y los hombres”, “Al pie del acantilado”, “Nada que hacer monsieur Baruch”, entre otros.